Hasta donde alcanzan mis recuerdos, el deseo de querer curar a mis seres queridos
ha estado muy presente desde mi infancia. Fenómenos como crear y destruir, dormirse y despertarse, enfermar y sanar, engordar y adelgazar, han agitado siempre mi curiosidad y probablemente de un modo u otro me llevaron a estudiar farmacia como ciencia moldeadora de la fisiología humana.
Durante mis años trabajando como farmacéutica en el Reino Unido tuve la ocasión de estar en contacto directo con el enfermo y gracias a mi posterior formación en nutrición y dietética, pude comprobar cómo unas recomendaciones dietéticas adecuadas para cada caso suponían generalmente una mayor eficacia del tratamiento farmacológico y en ocasiones hasta una supresión del mismo. La incorporación en los tratamientos farmacológicos de cambios en la alimentación realmente se traducían en cambios en el estado anímico y de salud de los que pasaban por aquel mostrador. Fue entonces cuando caí en la cuenta de que había muchos especialistas en medicamentos, pero pocos en hábitos de vida alimentarios y su correcta difusión, con una gran labor por delante.
Tras sacarle todo el partido posible a la cultura anglosajona y enriquecer mi formación con el conocimiento de disciplinas de la nutrición algo menos convencionales como la terapia nutricional, ortomolecular y con ayuno terapéutico, me volví a mi ciudad natal Almería, para pasar de trabajar con empresas farmacéuticas a hacerlo con aquellas del sector hortofrutícola y cara a cara, sin mostradores de por medio, con aquellos que acuden a mi para mejorar su salud a través de la alimentación o que yo acudo a ellos para difundir lo aprendido. Se que puede sonar algo vertiginoso, y tal vez lo fue al principio, pero no más que la sensación del agricultor que se encuentra por primera vez ante un terreno virgen por arar, del escritor ante la primera página en blanco o de la embarazada antes de dar a luz.
Hoy recolecto la satisfacción de trabajar con empresas que ya están convencidas del poder saludable de sus productos y la importancia del trasmitirlo con rigor científico al consumidor; de poder ayudar a todo aquel interesado en mejorar su salud y de mirar al horizonte con ilusión y optimismo para poder ver todo el campo que aún queda ante mí.
